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X Encuentro El Cubo Verde · Septiembre 2023

Mandarina Borda
Palmera, Valencia

Llegamos a Palmera 15 personas, entre miembros de El Cubo Verde, amigos del espacio Mandarina Borda (donde nos juntábamos todas) y amigos de los proyectos que asistíamos al encuentro Nos habíamos leído cuatro libros, que nos servían de marco para el encuentro, de sostén para el diálogo entre personas y otros seres. Los árboles y plantas que Enriqueta Rocher cuida concariño, se muestran presentes desde el principio. El olivo se echa sobre nosotras para estar presente en la primera cena. 

Nos reunimos con una intención, recogida a modo de apuntes en un documento compartido. Visitamos el Huerto de Mandarina Borda. a las afueras del pueblo. Allí, Enriqueta nos contó cómo se distribuía el agua en el pueblo, cómo eran aquellas huertas hace dos o tres décadas y cómo había cambiado todo, con el paso de los años y el cambio de modelo agrícola. 

Miramos con los ojos y con la piel, el estado de salud de los árboles. “Creo que finalmente son ellos, los árboles, los que nos cuidan” Así inició ella su proyecto, sintiendo ese cuidado de los árboles y su petición, la de ser desde su propia naturaleza.

Tras una breve introducción, en la que pusimos en contexto las lecturas realizadas, nos abrimos a la percepción, a través de la meditación. Enraizamos en este territorio, no solo desde la cabeza, sino abriéndonos a la apreciación, sintiendo que lo que hay en nuestro interior es un reflejo del exterior. Cada una con su método, lápiz o antena. Tras la mañana, nos unimos a comer y con el café compartimos nuestras impresiones de la mañana. 

“No podemos conseguir el cambio si conservamos vivos todos los elementos del sistema que queremos sustituir”, esta era una de las consideraciones de Joanna Crowson sobre la visita de la mañana. 

Pensamos en el carácter de los cuidados paliativos. Con cierta tristeza, se asimila que es necesario la muerte para cambiar el modelo. En el caso de la huerta de Mandarina Borda, esto se traduce en dejar de sostener algunas vidas de naranjos y regenerar el territorio fomentando la biodiversidad sembrando y dejando crecer otros árboles. 

Enriqueta ya llevaba tiempo con este pensamiento, había sembrado manzanos y otros frutales, y había contemplado cómo, dejando que la naturaleza haga su trabajo, empezó a crecer un algarrobo y una morera.

Volvimos al atardecer, para volver a conectar con el lugar. Nos dio tiempo después para tomar algo y conocer un pelín a la gente de Palmera, cenar en casa de Enri, que nos mostró en su taller en varios momentos a diferentes personas del grupo su trabajo geometrico basado en la observación de su huerta de frutales.

En la noche, después de compartir de forma informal algunas de los proyectos de los asistentes, en unas sobremesas siempre fecundas, asistimos a la presentación del trabajo de Alberto Crespo (con la primicia de la edición de Pixel/Habitante). Fuimos varias las que nos quedamos impresionadas.