NOS CUIDAMOS · NOS MIRAMOS · NOS REFLEXINAMOS · NOS PENSAMOS · NOS CONSTRUIMOS · NOS IMAGINAMOS · NOS PREOCUPAMOS · NOS RESPONSABILIZAMOS

El Cubo Verde · Manifiesto

Los últimos episodios de la historia global humana nos muestran la interconexión entre varias crisis. A la pérdida de biodiversidad (producida en gran parte por el sistema de alimentación planetario), se le suman otros eventos globales derivados del cambio climático. Entre todos estos factores se establece una compleja red de relaciones, que muestra cómo la humanidad vive en desequilibrio con el resto de especies que habitan el planeta y con las materias que hacen posible la vida.

La situación de pandemia generada por la Covid-19 nos ha enfrentado con nuestra fragilidad como sociedad global. La conjunción de todas las crisis presentes (de cuidados, económicas, ecológicas) vuelven a hacernos pensar sobre la resiliencia de los colectivos, sus capacidades para retomar la cercanía y la autonomía.
Lo rural, como idea y como realidad, se ha ido vaciando de sentidos, asociando lo urbano con el progreso económico, social y cultural, exacerbando polaridades y contrastes. No sabemos bien dónde está el centro y dónde se encuentra la periferia, pero puede observarse cómo van colocándose los sistemas de privilegios.
Las relaciones entre campo y ciudad también pueden verse alteradas. En la sociedad actual, el mundo rural se ha puesto al servicio del mundo urbano, como cuidadores de aquello que suministra alimentos y belleza a las formas de vida urbana. La deficiencia de servicios desde las administraciones centrales al mundo rural podría corregirse, como también deberían revisarse las formas de habitar el entorno rural. Estas diferencias en el reparto de privilegios entre lo rural y lo urbano podrían generar un movimiento que reequilibre el reparto tras la pandemia de la Covid-19. La situación de incertidumbre provoca que, como en otras parcelas de la vida, la respuesta sea radical y urgente.
El mundo rural, o más bien los mundos rurales; porque cada lugar es singular; debería replantearse la relación de sus habitantes con el entorno y sus recursos.
Esta interacción con el medio podría seguir modelos antiguos, cuando derive de una experiencia tradicional, pero también podría ser una relación nueva, siempre que se asuma esa simbiosis con el entorno.

    EL ARTE PARA ALIMENTAR
    UNA NUEVA RELACIÓN
    CON EL PLANETA

    Es importante abrir una reflexión sobre nuestro papel como gestoras, artistas, mediadoras, agitadoras o generadoras de iniciativas y procesos; y pensar en la figura de agente cultural/artista/habitante como persona capaz de catalizar y crear posibilidades. El papel de la cultura y del arte es dar sentido a la identidad individual y colectiva. Las prácticas y experiencias artísticas, en su labor de concienciación, sensibilización, crítica y reflexión, pueden activar maneras de organizarse en lo colectivo, fomentando el sentido de pertenencia y la construcción de comunidades vivas. Una cultura que se expanda al ámbito de lo cotidiano y lo común, proponiendo caminos alternativos a los canales de difusión actuales en el ámbito cultural contemporáneo.
    Sin perder nunca la mirada en el ámbito local, apostamos por una visión sistémica acunada desde el arte, que genere nuevos imaginarios que nos vinculen de manera estrecha con una necesaria reactivación de una conciencia planetaria asentada en el respeto y el cuidado, que inicie procesos de transformación desde el compromiso y la experiencia vivencial.
    Arte que acompañe, que abra caminos, que consiga ayudar al medio donde nace, que lo revisite, que lo subraye, que lo adorne, que lo proteja, que lo muestre. Y sobre todo que lo conozca y lo ame. El arte siempre acompañó a las sociedades campesinas en sus faenas, en sus pesares. El arte está en todo el trabajo humano que nos rodea en el medio rural. Tiempo y conocimiento. El arte de la piedra, de la madera, el arte de la ordenación de los huertos. El arte de la sombra estratégica de un árbol en un prado.
    Como colectivos y personas que comunicamos desde la cultura y las prácticas artísticas, se trataría de poder crear corredores de conocimiento, donde la diversidad traspase no solo el espacio físico, sino también el espacio temporal, en un flujo continuo.

    EL CUBO VERDE
    PROPONE

    Iniciativas sostenibles y regenerativas en relación con los núcleos de población, en el medio rural y natural, su entorno, su cultura y su diversidad.
    Respetar a los habitantes, el entorno y la cultura autóctona en el desarrollo de propuestas artísticas y culturales que contribuyan a crear una nueva forma de pensamiento y acción que fomenten sentimientos de empatía ecológica con nuestros entornos.
    Facilitar un flujo bidireccional de las prácticas contemporáneas artísticas entre lo rural y lo urbano.
    Cohabitar la transición agroecológica, desde una mirada transdisciplinar y heterogénea entre arte, ciencia y participación ciudadana.
    Generar redes reales de colaboración y elaboración de proyectos culturales conjuntos, planteando nuevos escenarios policéntricos para paliar las dicotomías actuales campo-ciudad, y crear un tejido difuso entre centro-periferia.
    La reivindicación del apoyo integral por parte de ayuntamientos, comarcas e instituciones públicas a proyectos culturales de iniciativa privada, independiente y asociativa.
    Una cultura de cuidados que se base en el respeto a la memoria y en la creación de nuevas relaciones y lugares en el habitar la naturaleza.
    El ritmo lento y la contemplación como bases para generar pensamiento crítico y acción para un mundo ecodiverso.
    Adaptarse a las necesidades y al contexto social con el que se trabaja, integrando los nuevos sistemas de co- municación basados en las tecnologías digitales.
    Prácticas que aborden temas cercanos, comprometidos y humanos para paliar el aislamiento social y cultural de los diversos colectivos que habitan lo rural y los contextos periféricos.
    Una cultura del Kilómetro Cero, acercando el lenguaje artístico a la realidad social e identidad local.
    Impulsar las propuestas culturales en el territorio desde el respeto y la generación de sinergias con otros saberes y conocimientos procedentes del diseño, la arquitectura, la ingeniería.
    La educación artística y la educación ambiental como herramientas de conocimiento de las diversas realidades locales y su difusión en ámbitos más globales.
    Favorecer que la práctica artística se diluya con los procesos formativos y experienciales.
    Mitigar las dificultades y las distancias, superando las dificultades cotidianas con el apoyo mutuo.
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    "Somos agua, gotas, persistentes y únicas, somos manantial y torrente, somos cauce, ríos que atraviesan pueblos y finalmente mares, somos aguas vivas y aguas tranquilas, depósitos de memorias. Saberse gota en la vastedad es no estar solos, es formar parte de una idea y proyecto común"


    Ser gota, ser agua, ser oceano

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